viernes, 29 de junio de 2007

ici.

Ajá… bueno… ok…

No he tenido nada decente qué escribir estos días. La verdad han pasado algunas cosas. Adentro, principalmente. Afuera todo sigue más o menos igual. Sigo perdido, como esa Anna Blume de Paul Auster. Pero no importa. El extravío es delicioso también.

Terminé de cocinar algunas cosas. Ya saben, de esas reflexiones tipo “libros de autosuperación que venden en el vips”. Nada del otro mundo. Pero a veces a uno no le caen los veintes tan fácil. O tan rápido. A mí apenitas.



Por ejemplo, sigo sin saber qué sucedió con mi avión. En realidad es un cohete (recordemos que soy un mico del espacio). Por ahí anda, en algún lugar físico/temporal. ¿y saben algo? Creo que ya no me importa mucho conocer su paradero o destino. No importa qué hagas ni dónde te encuentres. O si pasas frío o calor. Si estás contigo o con otra(s) persona(s). Si el agua del retrete gira a la izquierda o a la derecha cuando jalas la cadena. Creo entonces que lo importante es “estar ahí”.

Pero de verdad estar ahí. No ser un cadáver de cuerpo presente con la imaginación o el sentir a miles de kilómetros de ahí. O viceversa, claro está. Estar ahí con todo lo que se es y lo que se tiene. Estar ahí, viviendo de manera tan literal que el tiempo desaparece.

Ya no voy a nadar. La hueva me pudo. Ahora duermo entre diez y doce horas al día. Me desperezo, hago unos ejercicios con los Sex Pistols a todo volumen. Me voy al trabajo. O me baño y desayuno a las 13 horas. O me voy al cine. O a comprar caprichos. Me largo a la central por libros que me escojan para que los lea. O rento una pelicula. Navego en internet. O voy al MUMEDI a tomarme un té de la competencia y a charlar con Nanette y Lulú. Salgo a caminar o escribo. O me vuelvo a dormir.

OK. Así ha sido mas o menos este time. Procuro siempre estar ahí. Y no en otra parte. Y cuando digo otra parte me refiero a mi cabeza por ejemplo, que me dice que voy a terminar como un treintañero fofo que se sienta en el sofá viendo algún reality show de prostitutas si sigo a este paso. o mi angustia futurista, que la verdad ya ni existe, pero a veces me pongo necio y le busco donde ya sé que no hay. Entonces "meto la llave" y vuelvo a mi estado original.

El otro día me topé con el blog de un tipo que hace listas “abajo y arriba”. Así que ahora mismo me siento vulgar y eso me permite copiar lo que él hace, pero poniendo “abajos y arribas” a las cosas que a mí se me antojen. Así que ahí va:



- Arriba el russian christmas (té negro con vainilla, especias, frutas rojas y cítricos).

- Arriba el lapsang souchong (té negro fuertísimo y ahumado. Un orgasmo con sabor a cenizas en la boca).

- ARRIBA LADYTRON. Arriba su delicioso “Witching Hour”. Su mejor disco hasta el momento.

- Arriba Paul Auster con su “País de las útlimas cosas”.

- Arriba la avenida miguel angel de Quevedo con su oscuridad y las farolas que emulan lunas blancas en las paradas de autobús.

- Arriba “las islas” con sus cuadritos de pasto verde y yo acostado sin zapatos viendo el cielo como todo un pacheco, con lentecitos oscuros y el áipo a todo volumen escuchando “pilots” de goldfrapp, mientras el sol es cubierto por una nube espesa y comienza a llover. Yo bebiendo té, por supuesto.
“we are pilots watching the stars/who do we think we are?”

- Arriba M_k_ri… simplemente arriba… o bueno, abajo también, si quiere.

- Arriba esa cosa que estoy tejiendo un poco todos los días y que irá tomando forma. Ese guiso que estoy cocinando y que un día se volverá realidad. El mate. El viaje…. No puedo decir más.

- Arriba los pumpkins que van a sacar disco nuevo… y que creo que no va a pegar… aunque seguiré oyéndolos e idolatrándolos como el “pumpkinhead fan from jel” que soy. Ni modo, me tocó.

- Arriba TOOL y esa bestialidad de disco llamada “10 000 Days” que nomás de evocarlo me abre los chakras de a putazo.

- Arriba el romance de Clementine Tangerine y de Joel Barrish… su amor perfecto del eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

- Arriba "Martyr" de los depechos modes. Porque "i've been a martyr for love" too. igual que ustedes.

- Arriba "la tumba de las luciérnagas". tanto el libro como la peli.

- Arriba los Arcade Fire que vienen a Mecsicou a finales de año.

- Arriba SPUTNIK, MI AMOR, de Haruki Murakami.

- Arriba KITCHEN de Banana Yoshimoto. Es para Gabbie.

Por otro lado, ayer en la biblioteca un libro se topó conmigo y me exigió que lo leyera. Ya empecé y transcribo un fragmento que, diciendo poco, me sacó un tornillo:




… basta pestañear para ver que nuestras bocas se funden
en una caverna poblada de jadeos. Y entonces en esa
caverna que es la intemperie, entre esos muros tapizados
de escritura lunar, todo es movimiento y palpitaciones,
dentelladas y arañazos, lenguas que comparten al fin
una sola lengua: la de las ropas que aletean como aves
en la penumbra, la de los cuerpos que se reclaman
y se disponen a ser polvo.



(…)



Luchar como si perteneciéramos a una especie en extinción,
agotarnos y colmarnos y luego regresar a esa fosa de la
que volvemos a emerger con los músculos aturdidos,
los huesos rotos, la piel encallecida



(…)



Nos veo hablar a través de la carne sin obstáculos,
con una fluidez más antigua que cualquier dialecto…









Mauricio Montiel Figueiras,
La Penumbra Inconveniente.







ASÍ.
UN DÍA.
UN DÍA PRONTO.

ASÍ.
TE LO PROMETO.
Y ME LO PROMETO YO TAMBIÉN.






Estos son mis días. Así se resumen tantos días de ausencia bloggiana. Con una descripción breve de monótonas (pero deleitables) rutinas y una lista de arribas. No puse “abajos” porque no estoy de humores tiramierda últimamente.

Mañana voy a tomar fotos. Iré al cine otra vez. Quizá me atreva y vaya a nadar, o duerma hasta las 2 de la tarde. O me quede tirado en la cama leyendo a Yukio Mishima. Puede que me corte el pelo o salga a hacer el súper. Ya no tengo rastrillos. Ya no tengo jabones. Ya no tengo ropa limpia ni yogurt. Voy a comprarle su regalo a chris. O quizá haga algo completamente distinto. Nunca se sabe. Pero eso es lo más interesante. Dejar que el destino nos sorprenda a la vuelta de la esquina.





martes, 5 de junio de 2007

EL MOMENTO CARTA BLANCA



Salgo a las calles y nada ha cambiado. Todo sigue exactamente igual. Realmente hay momentos en los que me pregunto si verdaderamente haya un mundo alucinante esperándome allá afuera. Porque yo en estos días no he visto nada deslumbrante.

Comienzo a dudar, nuevamente, acerca del progreso que dicen que he mostrado en los últimos meses; la mayor parte del tiempo procuro no voltear hacia atrás y taparme los ojos cuando mi cabeza gira hacia adelante. Pero no siempre es tan fácil. Y cuando me descubro a mí mismo mirando el futuro en la rendija de dedos que tengo sobre el rostro, y me atrevo a girar la cabeza a mis espaldas, descubro con horror que me encuentro exactamente en el sitio en el que hube comenzado desde que tomé la determinación de no preocuparme por el tiempo.

Me veo completamente estático, inmóvil de pie en medio de una calle transitada de la Ciudad de México, viendo cómo todos a mi alrededor corren, envejecen, ganan amigos y mueren de manera repentina. Y yo sólo estoy ahí, viendo todo lo que pasa, como si fuera un poste de luz protegido por una alambrada de hierro reforzado: así, sin cambio aparente, sin un día muy diferente del anterior ni del de mañana.

Eso me entristece mucho. Significa que no he obtenido la capacidad de observar con detalle y objetividad esa revolución que ocurre en los lugares de afuera y también en los de adentro, los que son míos. Significa que estoy perdiendo nuevamente la confianza que ya empezaba a ganar sobre el sentido del ser y el estar aquí, respirando gas carbónico todos los días.

Y bueno, a eso hay que agregarle la irrefutable verdad de que sigo sin saber lo que va a suceder con mi vida… en los próximos cinco minutos y en los próximos cinco días, y en los próximos cinco años. Es cierto que nadie sabe lo que puede pasar con su vida en un futuro, pero por lo menos tienen un foco, una meta hacia la cual están nadando un poco todos los días o a la que le dan la espalda de vez en vez, cuando se les antoja organizar una rabieta porque las circunstancias impiden que sus planes se ejecuten al pie de su letra y voluntad… yo por muchas (rabietas) que haga, termino siendo el mismo corcho a la deriva en un mar de posibilidades, dejando que la marea me azote y que el sol curta mi piel, dejando que la sal y el oleaje determinen mi tiempo y mi destino, que por supuesto ignoro de manera abrumadora.

He de confesar que, cuando te vuelves corcho, ciertas cosas se vuelven más fáciles de sobrellevar: verdaderamente he llegado a puntos en los que no me preocupa en absoluto saber qué hago, que haré, qué hice y qué debo hacer. Pero en otras ocasiones, como esta por ejemplo, simplemente se acaba la confianza, se evapora el gusto por la incertidumbre y es cuando viene la crisis y me convierto en poste verde bandera en alguna callejuela del Centro Histórico, viendo con angustia cómo circula la vida de los demás, mientras que la mía…

La mía sigue siendo un juego. Sigue siendo un absurdo en el que nada tiene sentido.
Mi vida es como la hora del recreo prolongada a dimensiones que pueden rayar en el hartazgo. Es el corte para salir a comer durante el rodaje de alguna película famosa. Es el chapoteadero de algún club deportivo cuando es muy temprano y los niños todavía no se meten a nadar. Mi vida son las horas muertas en la estación de autobuses.

Mi vida soy yo haciendo un viaje trasatlántico en avión: en ese lapso de tiempo, dejas de existir para la gente… ¿sabes por qué? porque mientras vuelas a kilómetros del suelo (o del mar), en cierto modo has dejado de existir para la gente que despides en el aeropuerto, y sin embargo, para los que van a recibirte del otro lado del mundo, todavía no existes porque todavía no llegas; es así como te conviertes en un recuerdo o en una expectativa, pero fuera de eso, simplemente has desaparecido, por lo menos hasta que llegas a tu “destino”.

Claro, ya entendí: estoy de vacaciones de mí. Me dije adiós en el aeropuerto y todavía no llego al otro lado, no me he dado la bienvenida del otro lado del charco… sigo volando…


¿y saben algo?



Tengo el presentimiento de que:

a) Allá en cielo, me he convertido en terrorista y me puse al mando de la tripulación, llevándome al avión y a toda su gente a un destino desconocido.

b) Mi vuelo se atoró en el Triángulo de las Bermudas y que el vórtex ya me mandó a otra dimensión.

c) Quizá simplemente caímos en altamar y al contacto con el agua me convertí en corcho, y estoy divagando en medio del océano azul infinito.



A final de cuentas, haya pasado lo que haya pasado conmigo, cualquiera de las tres opciones es mejor que la de llegar a mi destino, a ese destino putrefacto y predecible del que definitivamente preferí escaparme antes de volverme lo que nunca he querido ser.




Ok, todo resuelto.


Sigo sin saber ni qué pasó ni qué pasará conmigo.


Si, eso simplemente me fascina.


Sólo era una cuestión de enfoque.


Lo que pasa es que luego me paniqueo un poquito.


Pero sí, todo bien.