martes, 30 de enero de 2007

pas date. pas nombre.


No sé si tu interés sea tan poco
que ni siquiera te tomes la molestia
de decirme aquello que no me favorece.

No sé si te quiebras la cabeza inútilmente,
tratando de decidir con ella algo que se elige
con una parte muy distinta.

No sé si sea cierto ese pretexto que te inventaste
que asegura que no has tenido el tiempo.

No sé si, como de costumbre,
la puerta que toqué ya ha sido cerrada.

No sé si la compasión es lo suficientemente grande
como para haberte robado la voz, por temor a mis
catastróficas reacciones.



No lo sé.















No sé nada.
















Pero el hecho…


















El hecho…



















El hecho es…

























Que no me has contestado.











¿O es que nunca vas a hacerlo?


















*imagen de una desconocida, hallada en un libro que compré en la calle.
sin fecha. sin nombre.


Killing Time, Killer Time


El día de hoy una señora se robó el rollo de papel higiénico que tenemos en el baño de mi trabajo. No sé por qué lo hizo y por la naturaleza del objeto en cuestión, definitivamente no soy capaz de querer imaginarme para qué lo quería.

Esta mañana las cosas estuvieron mejor que ayer. Se notó que había más entusiasmo al momento de parir al día de hoy por parte de aquél universo cósmico que no terminaré nunca de entender, como buen mico del espacio que soy.

Después de la desintoxicación emocional de ayer en la noche, terminé purificado, blanqueado y vacío; simplemente silencioso. Hoy amanecí cansado, como si no tuviera huesos adentro del cuerpo y me costara un trabajo infinito el poder siquiera despertar. Me di cuenta de que dormí el más profundo de los sueños desde hace ya no me acuerdo cuánto… oh, claro, desde el sábado, cuando cerré el día en calidad de bulto gracias al sanguíneo y traicionero vino que esa noche corrió por mis venas; la única y ligera diferencia con el dormir de esa noche y con el de anoche, es que ayer me fui a la cama con el CPU existencial en blanco, completamente formateado, mientras que el sábado estaba taaan saturado que me trabé y tomé al dulce y báquico elixir como vehículo perfecto para olvidarme un poco del mundo. Así fue. Y digo fue porque no quiero que eso vuelva a pasar. Ni con el alcohol ni con ninguna otra droga permitida, sintética, emocional, audible o humana.

Café americano y una galletita: mi desayuno de las 11:30 en el job. Lo de siempre con excepción de una tragedia que ya veía venir desde hace algunos días: esta semana la población teinómana de nuestra Esquina del Té no estuvo de humor para zamparle pastelitos a su estómago y a su delicado y pudiente paladar. El saldo: cuatro, lean bien, cuatro cadáveres de pastel en estado de descomposición fueron a parar al carroñero estómago de mi colega de poliéster café y puertitas. Verdaderamente triste.

Tiempo libre. Música del RadioUNAM porque sigo sin pelar al iPod, un aparatito melindroso y nada práctico que compré solo por necesidad pero hacia el cual no guardo ningún especial sentimiento, como sucediera con mi lindo Discman que reproducía Mp3 y que murió hace poco. Snif.

Pensamientos vagos… Dispersión y poca “concentrancia”…Gabbie se va de este jueves en siete… Se me está acabando el dinero… Maldito café en ayunas… Qué culo el de la argentina de los matchas (sí, esa, regresó hoy por tercera ocasión con su noviecillo)… me preparo un té verde con jazmines…

Miro instintivamente hacia la calle, sin un punto fijo: es una de esas veces en las que acomodas los ojos en cualquier lugar y dejas que se llenen de imágenes, mientras estás muy ocupado observándote por dentro, rastreando lúdicamente lo que sientes y piensas en ese instante cuyo tiempo medible no existe. Qué bueno está el té. Me rifo.

Me armo de valor y me quito de encima algún inútil prejuicio laboral que no logro distinguir: me siento en la mesa 5, como si fuera un cliente más. Me percato de que mi jornada en ese lugar devela una vida muy distinta a la que se vive vespertinamente. Contemplo el silencio de las sillas. La pulcritud formáiquica de las mesas verdes. El alboroto y revoltura de los sobrecillos de azúcar: cómo el mascabado, el aspartame y la azúcar refinada, cada una con un empaque de color diferente, han hecho a un lado sus diferencias raciales, recordando la dulzura que las hace tan parecidas: una orgía revolucionaria de sobres de azúcar en los contenedores de cada una de las mesas. (¡Qué cosas digo algunas veces!)

Haciendo uso del flashback, hoy en la mañana, antes de que todo lo contado sucediera, Alan y yo salimos al mismo tiempo de casa: me acompañaría a nuestro trabajo por un libro que olvidó anoche y se chisparía a su escuela para ver a unos amigos. Laboramos en el mismo lugar gracias a que yo lo recomendé… es extraño, también tiene sus desventajas, aunque le veo más lados buenos. Es un excelente empleado (me supera ya en algunos campos) y me agrada que esté ahí, sobre todo porque a veces convivimos más en ese lugar que en nuestra propia casa, un lugar al que sólo llegamos a dormir, comer y darnos un baño (a veces)no me quejo de ello y admito que no espero más de ese lugar. Incluso los domingos con papá son mejores que estar ahí dentro. Nada malo pasa pero no nos sentimos muy a gusto últimamente.

La calle estaba limpia como pocas veces: aún no me acostumbro a verla; no con la ausencia de aquella monumental Jacaranda de la esquina que nuestra vecina estúpido-inconsciente se encargó de erradicar porque “le daba mucha sombra a su casa”.

En fin, antes de abordar nuestro tercermundista medio de transporte, inhalamos una fuerte bocanada de humo divertido. Dentro del viaje herbal-psicotrópico, me dienta de que mi olfato es capaz de hazañas peligrosas, algunas harto desagradables. ¿Un ejemplo? Puedo distinguir gracias a mi olfato si una mujer está ovulando. Así de complicado, fino y desagradable.

También me di cuenta de que mi masculinidad es casi del mismo tamaño que mi lado femenino, si no es que son iguales. Creo que tengo lo mejor y lo no tan bueno de un hombre, mezclado con lo bueno y lo malo de una mujer (nótese que lo no tan bueno es distinto a lo malo). No pretendo juzgar ni estereotipar las virtudes y defectos de cada uno de los sexos, aunque sí creo que hay algunos rasgos mucho más enraizados en un sexo que en otro (aunque últimamente ya haya chicas que no se afeiten las axilas y hombres que se exfolien y se cuiden la piel).


En fin, a todas estas cosas sin mucha importancia que a veces narro se le llama foreverear.
O divagar si quiere decirse con propiedad y riqueza de lenguaje.
*Otra foto de Alan, en La Esquina del Té

lunes, 29 de enero de 2007

Bunnyswan






Quizá lo pienso mucho
Quizá me precipito
Quizá sueñe demasiado, aunque duerma tan poco.

Quizá…

Quizá invente historias y teja recuerdos futuros,ilusiones construidas sobre nubes.

Quizá ebullo de repente,
con ganas de gritar con todas mis fuerzas
lo mucho y lo poco que soy cuando recuerdo que existes.

Como muero y desfallezco,

como canto de alegría y resucito de repente.

Soy un cínico, lo sé.
Soy cobarde también.
El viento lo sabe y tú lo sabes también.

Descarado. Libertino. Ropa sucia. Eso soy.

Me preguntas por qué.
Por qué lo hice, arriesgándome a perder lo poco que apenas se estaba construyendo.
Por qué de esa manera repentina y desgastada, opaca y predecible.
Por qué como infantil y avergonzada colegiala he dicho lo que dije.

Te contesto.

Que la impaciencia es el peor de mis pecados.
Declárome inconsciente, impensante, irracional y vulnerado.


Platico contigo y te comento mi agridulce realidad:

Que siempre llego tarde.

A las reuniones y a las vidas ajenas, siempre aparezco con demora.

Cuando ya nada hay que puedas darme.

Cuando a alguien más estás alimentando.

Cuando ya no hay cupo para mí.


La ironía: a veces también llego muy temprano y estallo cual cometa,

sin dar explicaciones, ni oportunidades.

Ni tiempo para respirar o montar una escena ficticia



Así soy yo.


Para bien y para mal


…un inoportuno.






No me retracto de lo que dije.

No habré de hacerlo jamás.

Que no te desconcierte.

Y me atrevo a confesar otra cosa:

en realidad no pensé lo que hice.

No pensé lo que hice.
Es la primera vez en mi vida que no pienso las cosas antes de hacerlas.
Es la primera vez que confié en lo que sentía,

me quedé callado y dejé que eso hablara.

Y no voy a pensarlo.
No voy a juzgarme.
Así las cosas son.

No crea que me adjudico el mérito. No.
La culpa y el privilegio los tiene usted.
Por responder a mi llamado.
Por voltear hacia acá.

Por existir simplemente.

No se presione en darme las noticias.
¿buenas? ¿malas? ¿desconcertantes?
Diga lo que tiene qué decir.
Pero no lo piense.
Deje que eso que tiene adentro hable por si mismo.


Yo ya no tengo miedo. ¿y usted?





Máximas después del Vino Tinto



" aquél que se atreve a juzgar no tiene nombre...

pero ciego aquél que lo hace con los ojos".



*dicho por mí, ayer en la noche.

jueves, 25 de enero de 2007

The Joni Jones Diary


Q. D.:

Hoy el día en el trabajo resultó con altibajos. Para empezar llegué muy tarde, y Roberto se encargó de hacérmelo ver con un “¿a qué hora llegaste, cabrón?” con ese acento argentino vía telefónica minutos más tarde; luego rió un poco y me pidió la lista del invetario: se hallaba en la sucursal de la Condesa, abasteciéndola y recogiendo el dinero de las ventas de ayer, y luego tocaría el turno a la sucursal de san Ángel, o sea la mía, así que tenía qué llamarle para allá a darle la tan solicitada y no preparada lista. Tenía la cabeza dormida y llegué malhumorado al trabajo. Hoy no compré fruta para mi súper desayuno energético y había decidido no ir a regalarle mis toxinas a la alberca de CU: definitivamente el amanecer nublado no me dotó de ánimos para sumergirme en una tina de cloro y agua. Tampoco para despertar con una sonrisa interna (y externa tampoco).

Como me lo suponía, en realidad no faltaba nada por abastecer en la Esquina del Té. Absurdeces sin importancia lo que le reporté a Roberto. Mi estado de ánimo no influye en mi trabajo y eso me hace comprender que soy competente y responsable… está bien, llegué tarde hoy, pero hasta eso lo tenía calculado. a las ocho treinta decidí dormir media hora más y llegar tarde. lo siento, me hallaba muy cansado.

Después de poner el lugar decente, muy barrido y montado, y agradecer telepáticamente al Pepes que no hubiera dejado mucho desmadre la noche anterior, me dispuse a desayunar pastelitos. Chasco. El pastel crujiente de banana y chocolate blanco que me había ganado por automática caducidad de seis días sin venderse efectivamente había caducado y me vi en la penosa necesidad de regalárselo al insaciable basurero. Sólo me tomé un vaso de leche Light, que es como agua pero con un agregado blanquecino de suero que disimulaba mal y con poca vergüenza lo que suponía era calostro de vaca. En fin. Aún había cosas qué hacer.

Seguí limpiando como todos los días algunas repisas, acomodando libretas y papeles mal puestos. Empecé con mi frenética necesidad de contar cosas: 13 galletas Mandelbroit de nuez. Ocho galletas turcas de pimienta y treinta y tres galletas sándwich con chocolate. Tres chapatas y cinco croissants. Seguiría limpiando y pensando, no sin escuchar radioUNAM, ante mi en ese entonces apático gusto por la música alternativa de mediados de los noventa que cargo en el iPod y que no estaba en condiciones de programar ese día.

Dos horas más tarde, dos argentinos se llevan entre las manos dos croissants de jamón con queso y dos matchas frappés. Ya habían ido hace unos días y los deleité con mi servicio y los productos que embelesadamente habían consumido en comentada ocasión (aquella vez sólo fueron dos matchas). Y no es para menos. Sólo yo, lean bien, SÓLO YO soy capaz de hacer los mejores frappés de ambas sucursales (la mía y la de la Condesa). Nadie ha podido preparar una licuadora de litro medio llena de un frappé de perfecta y gélida consistencia, con las proporciones EXACTAS de azúcar, de té, de leche caliente (o agua) y de hielo. Nadie más prepara los frappés como yo: lo sé y me encanta presumirlo.

Después fue la junta para reacomodar horarios, ahora que Arthur, hermano de Dannie, se incorpora al equipo de trabajo. He dejado de laborar los domingos por la tarde para aprovecharlos con dad Mike y ahora trabajo lunes, martes, jueves y sábados, todos por la mañana. Quedé satisfecho. La segunda cosa rescatable del día hasta ese momento (la primera fueron los matcha).

Regresé a casa bajo un cielo arropado de nubarrones grises y un viento gélidamente fresco, mas no frío. Dannie se regresó conmigo y me dijo que Yannin temía que yo me aislara, que tenía ganas de verme. “Es que he estado hibernando, como que no tengo ganas de ver a nadie… por eso no he ido a reuniones ni salido mucho”. El Dannie lo entendió y quedamos de vernos el sábado en casa de Jero, que festejaría su cumpleaños con una comida y cervezas.

El camino fue abrumador. Sentía la misma resaca de chilango resentido y pobretón que hacía mucho no experimentaba. La música vulgar. La gente del microbús: entre mirones, morbosos, gorditas muy perfumadas, niños llorones y mocosillos, ejecutivas frígidas y esclavos de corbata y zapatos negros y brillantes me sentía asfixiado. No tenía otra opción. Ni siquiera leer con tanto reggaeton y conversaciones insulsas a mi alrededor. Ok. Left en la izquierda y Right en la derecha. Volumen al cien por ciento. Reproducción aleatoria. Play. La Kathakali Orchestra me dio la bienvenida con “Ontoro Momo”. Era mejor que cualquier otra cosa que yo hubiera podido elegir.

Llegué a casa y vomité todo el coraje y frustración que experimento cada vez que me asusto por no saber lo que voy a hacer con mi vida en los próximos miles de segundos que me quedan por vivir. Evidentemente sólo contaba con un vaso de “leche” que a estas alturas sería imposible regresarle al estómago para finalmente expulsarla por la boca. Vomité con gritos ahogados por una almohada y unas siete lágrimas. Estuvo bien, casi nunca son tantas.

Me salté la comida y fui a tomar un chocolate con momTere, Alancillo y Yahalí. Hablamos de religión y de cómo la felicidad es un estado constituido por una acumulación de momentos constantes y esporádicos que nos regalan placer. También tratamos lo nociva que es la telenovela mexicana y el truco sucio del precio de las tortillas. Una hora y media. Fin. Gracias, buena charla.

Alancillo y yo partimos a las canchas abandonadas de la escuela de comercio, a unas cuadras de ahí. Encendimos el joint que horas antes le había pedido que me invitara y hablamos de temas variados. Creo que la relación está mejorando. Vamos bien, bien.

Ya en la biblioteca, pagué los miles de pesos que tenía de multa y saqué a Ghosh, pues no lo he terminado. Luego se me apareció un fantasma de un pasado cercano. Me paralicé, aunque era obvio encontrarle en ese lugar que tanto frecuentábamos antes, cuando aún no le quitaba la vida y le volvía un espectro pretérito. Pasó el susto. Dos cigarros mentolados. Llegamos a casa a las diez pm.

Aún tengo en el estómago ese hueco por el tumor emocional que me he extirpado. Se siente raro, vertiginoso: una mezcla de desconcierto y emoción, pero ya no de angustia. No sé lo que sigue. He despertado y no sé lo primero que haré con esto, conmigo y con todo. Quisiera regresar a mi sueño profundo, esconderme nuevamente en mi cueva submarina. Pero ya no se puede. Ya no hay sueño qué dormir. Es hora de empezar a andar. Estoy a punto de dar mis primeros pasos… honestamente tengo un poco de miedo… ese miedo a lo desconocido que sentimos cuando entramos a un túnel nuevo de la carretera, por el que nunca antes habíamos caminado al atardecer, en medio del bosque, con el último rayo del sol agonizando entre la espesura de coníferas. Ya viene… ya viene la noche… y el túnel cada vez está más cerca….respira profundo…












no temas…












nada malo va a pasar…














me lo prometo.




















*foto cortesía de Alancillo en la estación Miguel Ángel de Quevedo


lunes, 22 de enero de 2007

...L'arbre, il est allumé nouvelement


Hoy me quedé con unas ganas infinitas de seguir nadando. Apenas llevaba 30 minutos cuando de repente se acabó el cansancio y me dieron ganas de nadar miles y miles de kilómetros. Me sentía con tanta energía que tenía la fantasiosa idea de que podría hacerlo. Pero sigo siendo un masoquista, y, sin pensarlo dos veces, decidí salir del agua en ese mismo instante. Lo dudé por un nanosegundo, pero comprendí que me había quedado con las ganas por propia voluntad para obligarme a ir mañana también. Me estoy volviendo adicto a mis propias endorfinas, como si no fuera suficiente con tantas otras adicciones.

Creo que el año apenas está comenzando para mí. El período de hibernación se está terminando. Todo comenzó con abrir aquella caja de Pandora que tenía guardada desde hace tiempo. Mi caño existencial ha sido destapado y quedé literalmente limpio. Me siento como una lavadora cuando enjabona y enjuaga todo lo que trae adentro, y luego saca litros y litros de agua puerca y jabonosa. Toda la ropa esta impecable. Y yo apenas estoy tratando de asimilarlo.

De la misma forma, he descubierto que mi forma de nadar refleja el estado anímico-emocional-psicológico-existencial-energético en el que me encuentro ese día. Puedo asegurar que fue un día muy agradable y eso se reflejó bajo el agua. Mi resistencia ha cambiado asombrosamente con tan sólo tres días consecutivos de práctica.

Björk ya anunció que su próximo disco sale a finales de esta primavera. Justo lo que necesitaba. Billy y sus calabacitas prometen disco para este año pero no se sabe para cuando. Yo sigo sin leer nada después del excelso “Líneas de sombra” de Ghosh. Compré un disco de Cesaria Évora, el de Zwan, uno de Ian Brown, uno de los Flaming Lips y el “Exciter” de Depeche Mode, porque no lo había escuchado siquiera. Sigo con planes fuertes pero todo va despacito. Primero necesito el trabajo adecuado.

Después de tantos años sin tenerlo, por fin cumplí ese sueñecito vacuo que tenía cuando era un teenager: comprarme un monstruoso componente de audio con miles de bocinas y una potencia rompevidrios. Y tengo 12 lindos meses para pagarlo.


______________________________________________________________



Hay barcos que se hunden antes de empezar a navegar.
Hay pájaros que mueren sin haber comenzado a volar.
Hay sueños que se evaporan antes de ser concebidos.

Ayer deseé algo de modo muy intenso y decidido. Hoy descubro estupefacto que la energía fue tal que sin imaginarlo mi anhelo generó una respuesta. Teníamos razón cuando descubrimos aquél día hace tiempo que sólo hay una forma de obtener lo que se busca: lo más importante es desear, desear con todas las fuerzas, con toda la energía que nuestro ser puede acumular. Desear con fervor, con entrega, con decisión y sobre todo, con valentía; esta última es indispensable para aceptar el hecho de que lo que deseamos puede volverse realidad, porque a veces cuando lo recibimos, no estamos preparados para ello, o creemos que no lo merecemos.

Sin embargo, hay un elemento, el más importante de todos, del que nos es más difícil prescindir y gracias al cual, nuestros sueños casi nunca se cumplen: ese elemento es el miedo.



Desear con miedo es haber perdido antes de competir.

Desear con miedo es una gota de tinta en un vaso de agua cristalina,
esperando que por arte de magia el agua siga igual de transparente.

Desear con miedo es no estar seguro de lo que se quiere.

Desear con miedo es morir en vida, esperando una vida eterna.


“No llores por lo que no pasó;
mejor sonríe por todo aquello que sin darte cuenta, está a punto de suceder”.

…………………………………………

………………………….

…………………… ……………………… ………………


.-,-.´,.,´,.`,.-+`-+,`-+,`.+,`.+,`-+,+-`,


Si, creo que sí…




Creo que ya estoy despertando otra vez.




SIGO INSOPORTABLEMENTE CURSI COMO PUEDEN VER...
VOMITEN SI QUIEREN, PERO HÁGANLO SIN MIEDO

lunes, 15 de enero de 2007

j'existe


Hoy estoy feliz. No sé por qué y no estoy dispuesto a objetualizar mi alegría buscándole un motivo que me convenza. No me place.

Salí tarde de trabajar y fui a comprar un disco. Salió carísimo porque solo tenían una edición doble que incluía un dvd. Estaba lo suficientemente cansado como para ir a otra tienda a comprarlo; también estaba lo suficientemente ansioso como para no poder esperar a mañana. Así que gasté un dinero que no tenía un rumbo definido y espero recuperarlo pronto, porque era un gasto no previsto.

Después del desayuno energético en la esquina del té, seguí leyendo a Ghosh.
Cada vez me gusta más aquél libro que recomendé en mi último blog... me pregunto si algún día yo… no sé que pensar. Mejor ya no pienso y me aplico.

Sigo en mi período de letargo, latente, hibernando, esperando germinar cuando se derrita la capa de hielo que cubre la superficie. No estoy deprimido, no, sólo que sigo buceando en mis adentros, localizando sectores dañados y tratando de componerlos.

Hoy pensé que definitivamente necesito en algún futuro medianamente lejano, comprarme una casa, o un lugar apartado de la ciudad. Un lugar en el que pueda estar tranquilo, completamente solo, para irme de vez en cuando a descansar del bullicio de las ciudades como ésta, que serán todo lo que son, pero que tampoco puedo dejar por completo. Pensé en una choza en Canadá, como mi primo Jan. Su casa es increíble y la compró en tan poco tiempo. Creo que quiero algo así.

También necesito un trabajo lucrativo aunque sólo es temporal; lo suficientemente temporal como para irme de rol a otro(s) país(es). Trabajar un año. Quizá año y medio. No se armó en el IFAI. Y no es que muriera de ganas pero no pagaban tan mal. Quizá parta a Buenos Aires cuando Gabbie ya se haya estabilizado por allá. Quién sabe, a lo mejor y hasta hago algún posgrado o estudio una carrera nueva por esos lares.

“… los fantasmas no son más que eso: una presencia desplazada en el tiempo” hoy me acordé de uno muy Lindo y creo que sucumbiría nuevamente a sus encantos. Por idiota. Si, por idiota, por ser el más idiota entre los idiotas. Por necio. Por masoquista. Por esas cosas nada más y no por alguna otra. Lo siento pero tenía qué decirlo.


Hoy me fue de la chingada. Todo pintaba más o menos mal hasta que llegué a casa, me conecté y descubrí algo que me puso de muy muy buen humor. Siento mentir, pero desde que empecé a escribir esto supe perfectamente por qué me sentía así: alguien el día de hoy descubrió que existo e hizo algo al respecto. supongo que le soy intrascendente aunque no deja de emocionarme el hecho. Y no quiero pensar más al respecto. Simplemente voy a disfrutarlo. lo ven, no necesito nada muy complicado para sentirme bien.


Por otra parte, dentro de la vacuidad papamoscas que me atacó en el transporte público, descubrí que la loción es un artículo que sólo el selecto grupo de personas siguiente puede usar:

- un gigoló
- un oficinista (incluyendo burócratas del sector público)
- un padrote
- un metrosexual
- algún chico distraído que no se ha percatado de que salir a la tienda o ir a la escuela o conquistar a una chica NO son motivos suficientes para ponerse media botella de alcohol perfumado encima.

Supongo que por ello no me he preocupado por comprarme una (risas).

martes, 9 de enero de 2007

con los rieles aceitados

Hoy estoy muy triste y a la vez muy contento. Inquieto y tranquilo. Por azares del destino me he subido a una montaña rusa emocional en la que no dejo de subir y bajar de modo repentino e incontrolado en cuestión de minutos.

Estoy escribiendo un cuentito en el que narro mi aburrido regreso del trabajo a casa y ya no sé como continuar. Sufrí un atasco creativo-literario.

Me hallo contento porque he detectado algunos problemas míos de mi persona (pleonasmo intencionado) y ahora ya nada más falta sufrirlos mucho para superarlos. Lo importante es que ya sé más o menos de que se tratan.

Estoy feliz porque tengo algunos proyectos importantes cocinándose, aunque no puedo contarlos porque se pueden cebar y ya no se arma nada.

Sigo triste porque sigo extrañando a mi hermano Alan: la estúpida distancia que se ha interpuesto entre nosotros es más fuerte de lo que parece, aunque yo nada puedo hacer para remediarlo. Aunque quiera.

Estoy triste a veces porque tengo la tonta idea de que necesito estar con alguien para ser feliz, cuando creo firmemente que necesito encontrarme y luego compartirme con los demás… el problema es que muchas veces este último argumento no me convence del todo y siento una maldita y helada soledad.

Estoy emocionado porque Gabbie se larga a cumplir su sueño de la vida.
Estoy algo inquieto porque Gabbie se larga a realizar su sueño de la vida.

Estoy bastante satisfecho porque tengo mucho potencial y valor para hacer lo que se me dé la gana sin ser tan juicioso y represivo con lo que pienso, siento, hago y digo. Me estoy convirtiendo en un ojete universal… y lo estoy disfrutando muchísimo.

Estoy conflictuado porque mi duda existencial de las peras y las manzanas se vuelve más patente cada vez y me angustia un poco… yo creo que es porque ya se va a resolver pronto… y me emociona y atemoriza en igual proporción.


Y a continuación, los fetiches más recientes de mi masturbación existencial
(porque excitarse no siempre tiene que ver con… bueno, ya saben):

Acabo de comprar el “Felt Mountain” de Goldfrapp, y he de decir que es un disco exquisito, apto para embriagarse lentamente con alguna bebida fina y de alta calidad. La voz lánguida y sucia de Alison Goldfrapp es más espesa que nunca. Es un motivo lo suficientemente sublime como para disfrutar una depresión. Si no me creen bajen “Horse Tears” para que se convenzan (esa canción me mata cada vez que la oigo; no puedo evitar llorar jejeje).

También he visto “Punch-Druk Love”, con Adam Sandler y Emily Watson. Es una pequeña obra de arte, mezclada con buena música, argumentación, actuaciones, fotografía y secuencia narrativa, aderezada con una linda y bizarrísima historia de amor. Es excelente y tienen qué verla también.

Otra buena película es “Love Liza” con el actorsísimo Philip Seymour Hoffman, aquél que encarnara a Truman en “Capote” (2005). También vean Capote si no la han visto.

Y una NO recomendación: por nada del mundo se molesten en gastar su dinero rentando o viendo en algún cineclub la película “9 orgasmos”, que en realidad se llama “9 songs” y que es malísima en todos los aspectos, tales como actuaciones, guión, argumentos, forma narrativa, etc. En realidad pretende ser una película pseudo romántica que termina siendo pornografía con argumento meloso; y bueno, je, yo tengo nada contra el porno pero que no nos vendan una película seleccionada para el festival de Sundance como una pieza de arte cinematográfico porque de plano dista mucho de ser algo remotamente parecido.

Por otra parte, estoy leyendo una novelita llamada “Líneas de Sombra” del escritor e historiador bengalí Amitav Ghosh: tiene un excelente manejo de la línea del tiempo, ya que es un collage de flashbacks con un argumento harto interesante sobre la vida de un joven universitario de la India y sus relaciones con su familia, un poco de historia de dicho país durante la década de los años sesenta y setenta y su concepción de un mundo en el que la cultura y las tradiciones de su país contrastan con un lugar tan distinto como el Reino Unido, cuando todavía se llamaba Inglaterra, condensada con un excelente manejo y descripción de lugares, personajes y situaciones. Es ligeramente parecida a “El Cairo Nuevo” del Egipcio Naguib Mahfuz por el contenido, aunque ambas novelas gozan de un elevado mérito propio.

Y ahora no va un libro, sino un autor: TIENEN qué leer a Yukio Mishima, aquél escritor japonés candidato al Nobel de literatura en 1968 y que se suicidó en público mediante un complicado rito japonés (creo que fue el harakiri). Podría ser mi escritor favorito, aunque ya hablaré más de él en otra ocasión. Su claridad y a la vez elegancia y riqueza al describir y explicar situaciones tan abstractas y estrechamente relacionadas con las emociones y sentimientos lo convierten en un escritor irremplazable y harto importante dentro de la literatura a un nivel mundial. Lean “El marino que perdió la gracia del Mar”, recién reeditado por Alianza Editorial. Es excelente. Aterradoramente hermoso y, me atrevo a decirlo, más oscuro y fascinante que “El Perfume” de Patrick Süzkind.

Seguiré reportando.

viernes, 5 de enero de 2007

Rutinal


No sé por qué últimamente me ha costado mucho trabajo despertar. No es cuestion de que me falte sueño (estoy durmiendo un promedio de 10-11 horas). Tampoco que no tenga algo qué hacer (siempre podrán inventarse pretextos para salirse de la cama, por lo menos para ir al baño). No sé qué me pasa pero cada mañana que despierto, siento como si acabaran de expulsarme del vientre materno, con esos dolores de un cuerpo que toda la noche estuvo muy inquieto. Con esa agonía incómoda del sol en la cara. Con esas ganas de seguir en territorios oníricos (he de confesar que he tenidos sueños estupendos últimamente). Con esos bostezos dolorosos y dos toneladas de chinguiña en cada ojo (si ¿y qué?).

Hago lo posible por volverme a dormir e increíblememnte lo he estado consiguiendo. Despierto a las 2, a la hora de la comida. Mi espalda ya no puede más. Mi vejiga tampoco. Estoy algo mareado. Salgo a comprarme un café y a veces leo el periódico, pero sólo la sección cultural o una noticia muy importante. Veo algunas peliculas que renté o sigo leyendo uno de los libros que compré hace poco. Nada en la tele. La muestra de la cineteca empieza hasta el proximo miércoles. Tengo que empezar a estudiar francés o no me van a certificar. Tengo que terminar de pintar mi cuarto de estudio de ese verde safari que compramos. Tengo que dibujar el tautaje que me voy a poner en la clavícula. Tengo muchos tengos pendientes. Tengo que ver la nueva de Almodovar que se me pasó ver en cine comercial y que va a estar en la cineteca. También quiero ver Capote otra vez.

Por otro lado, quiero salir lo más posible con Gabbie antes de que se vaya a Argentina a estudiar diseño de indumentaria y textil a la Universidad de Buenos Aires. Pinche Gabbie, es una cojonuda y siempre sí lo consiguió. No dudé nunca de ella nunca preo no deja de sorprenderme.
También quiero otro trabajo, no porque el que tengo ya no me guste, sino porque necesito ahorrar para salirme de mi casa pronto, o del país apenas termine mi carrera.

Quiero ir a la terraza del Centro Cultural España, a tomar soda italiana de kiwi con fresa y escribir en mi libretita de pensamientos fugaces. Sí, suena bien. Creo que voy a salir un rato, por lo menos a que me dé el sol. Aunque hay mucha gente en la calle y no tengo tanto humor... olvidé que hoy es cinco de enero y el centro va a estar hasta la madre. Creo que siempre no voy a ir. Mejor voy a rentar otras peliculas. Quisiera comparitr con alguien algunas cosas. Todo a su tiempo, supongo. Por cierto, me urge un baño. Y creo que siempre sí voy a rebajar un poco mis patillas.

miércoles, 3 de enero de 2007

like jagger


Estuve revisando algunos blogs de personas desconocidas y medio conocidas. Ya saben, en este periodo de invernal hibernación (pleonasmo intencionado) en el que la cineteca está cerrada, el cine comercial nunca te ha ofrecido tanta basura, los 3 kilos de chocolatinas que te regalaron en navidad se han terminado y no estas de humor para leer ninguno de los 5 añorados libros que compraste con tu aguinaldo, uno ya no sabe qué hacer aparte de rechazar la re re re re calentada cena de año nuevo, salir con los amigos y limpiarle las manchas al ropero de la abuela porque definitivamente no hay otra mejor maldita cosa qué hacer.

El punto de todo esto es que, revisando otros blogs, palabrillas e ideas que la gente sube al atascadísimo ciberespacio informático, me di cuenta de que mi blog es como aquél baño en el que no escribo otra cosa que no sean mis atormentados fantasmas y recovecos polvosos y mugrientos que carcomen mi existencia. Esta bien que estoy un poquito azotado, pero quien no me conozca y lea todo lo que ahí publico va a pensar que todos los días quiero suicidarme o que hago lo posible para que un H. microbusero me atropelle. Y eso no es cierto… no en la mayoría de los casos.

Por eso ahora voy a escribir cosas felices y vacuas. Al carajo el prestigio y la solemnidad. No importa que cuando me den el Nobel de literatura en el 2056 se acuerden de que escribía pendejadas como esta ni que tenía un espacio donde vomitaba azotadeces y salvajes ideas punzocortantes de poca monta, y toda esa poesía de chapoteadero que he escrito últimamente, y las apologías dolorosas. Porque también la vacuidad tiene su mérito, su propia y ganada importancia. Y porque hay ocasiones en las que también yo no tengo nada qué hacer y simplemente me rasco los sobacos, como el buen Bucovsky (espero que así se escriba).

Este año no hice lista de las mejores cosas del 2006 ni tampoco hice propósitos. Me dio gusto ver que SÍ CUMPLÍ mis propósitos del año pasado, en serio me dio harto gusto porque en realidad siempre he creído que todo eso es una charada que no vale la pena ni siquiera pensar, pero veo que mi inconsciente sí se incrustó bien las metas y que de una u otra forma las cumplí.

Este 2007 tengo algunos planes interesantes, un poco más grandes quizá que los del 2006: terminar la escuela. Estudiar foto más en forma. Recuperar la forma. Trabajar en otro lado para ganar más dinero. Hacer el servicio social y perfeccionar el francés. Seguir con lo de la escribida, la dibujada la nadada y dejar la fumada y la bebida. Largarme a otro país: un rato, no para siempre. Puedo alcanzar a Gabbie en Argentina o de plano irme a Madrid o a Canadá. De rol. Solo de rol. A ver qué pasa. Que México se haga bolas con su presidente, y su pobreza, y su aumento al precio del transporte público, y su inseguridad y sus millones de señoras y señores que no quieren trabajar vendiendo chicles ni bombones pero que sí están buenos para estirar las manos afuera del metro con cara de perritos regañados; al fin este es el país donde nadie se muere de hambre. Al fin, también es seguro que quien quiere salir del hoyo le cuesta un huevo y la mitad del otro, pero si se empeña como las mulas, en verdad lo consigue. Me consta.

Yo por el momento no sueño con grandes castillos en el aire (lo del Nobel es broma jeje). Quiero una vida simple. Quiero viajar sin itinerario fijo. Caer donde sea. Trabajar casi en lo que sea. Ya dirá el tiempo la experiencia y el destino lo que pasará conmigo. Lo importante es atreverse a tirar los dados sin temor a perder las fichas. A la mierda con las fichas. Se las regalo si quieren. Yo no quiero fichas. Simplemente quiero rolar como las piedras (es mucha cursilería, les doy permiso de vomitar).