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Hoy me largué de mi casa... no, no se ilusionen... Desde ayer preparé un itinerario cuyo único objetivo era el de levantarme temprano para largarme a hacer alguna cosa… ese era el plan. Por supuesto, como ayer me tocó cubrir a G. en la condecci, para devolverle el favor que me hizo el día del cumple de alan (lo cubrió en san ángel), las cosas no salieron como planeaba.
Y ahí estaba yo, aprendiendo donde se guarda el azúcar y de dónde hacer aparecer servilletas porque no tenía ni p… idea de cómo acomodan los víveres en esta sucursal. Me llevé tres libros (anticipo que no leí ninguno): Viaje a Oriente de Hesse, Mil Grullas de Kawabata y Los Hongos Alucinógenos de Benítez. Un cóctel literario muy atascado para una tarde en un lugar extraño… un plailist de “áipo” muy ecléctico, pa enseñarle a la banda teinómana de condecci que no todos los empleados de la esquina del té oyen a “Chakira chakira” y al 97.7 … por supuesto, el cable para conectar mi aparatito al dvd del trabajo se quedó descansando colgado en el plug de mi computadora: adiós música bonita, hello Putumayo world music toooda la tarde = (
Y bueno, la experiencia fue incómoda: hay una vibra muy extraña, muy ajena, muy distinta a lo que respiramos en san ángel, y sus lindos y sureños alrededores. La clientela también muy diversa, y quién sabe por qué, más accesible, platicadora, pues. no es que sea malo, pero simplemente era un extranjero.
El punto es que me sentí el inepto más grande del mundo tratando de sincronizar las tres órdenes simultáneas de las tres mesas que acababan de llegar de a unísono. Y yo sin sentido, sin cerebro y sin cigarro. Un pequeño caos que me hizo sudar unas tres gotas (dos de ellas muy saladas) y un rubor de caperucinha rossa en las mejillas (¡ay qué joto sonó eso!). Al final Robb llegó auxiliar y a cerrar, no sin antes comentarle por teléfono a Angie que yo estaba asustado: Gracias Robb, he quedado como un holy looser frente a tooodo el equipo de condesa.
Y como llegué muy cansado a casa y sólo me tomé el medio litro de leche medio agria que algún incautodejó involuntariamente en la mesita de centro (y que Münch como buen perro no se iba a tomar), subí a la habitación sin intención alguna de levantarme temprano hoy.
Así las cosas, Apenas cerrar la puerta gastada del dormitorio, di dos pasos hacia la cama y me desvestí frente a ella, dejando ropa y efectos como una muda de piel de serpiente hecha de mezclilla, algodón preencogido, poliéster y piel de cerdo café con sus respectivas agujetas. Llaves, mochila y reloj se quedaron junto a mi cáscara urbano-fashionista que me pongo todos los días, como el “mono civilizado” que soy.

Mañana. Pajarillos. Sol. A Alan se le ha hecho tarde y busca sus llaves por toda la recámara. Me despierta. Me pregunta. Le gruño y me pongo la almohada sobre la cabeza (últimamente me encanta dormir así, despierto de madrugada sin oxígeno y con la adrenalina sudorosa al full [sí, soy un perturbado]).
NO ME VOY A LEVANTAR, SÓLO SON LAS OCHO. Quizá a las nueve… sí, a las nueve… una horita más… y ya, en serio me levanto en chinga, lo prometo… aunque no tengo un solo calcetín limpio… y ni se diga de chones… ayer me puse el ultimo limpio… tengo qué lavar… no de plano me paro a lavar, no tengo ni uno… puta madre… pero no me voy a para ahorita… … … A huevo, tengo el de las emergencias… Ya chingué… Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz -
Terminé despertando a las 10:30, por el dolor de espalda que me da cuando mi cuerpo ya no quiere dormir y mi cabeza sí, entonces el primero se queja haciéndome sentir como si tuviera el cuerpo de un anciano de 80, caminando encorvado y sintiendo la piel vieja y con el sabor más amargo del mundo entre los dientes. =s
Revisé el correo, busqué trabajo, me frustré porque no encontré nada. Ví la cartelera de la cineteca para hoy… ¿era posible que a la una de la tarde todavía quisiera echarme el maratón por la ciudad de México? ¿ya tan tarde? Pues sí, en realidad no tenía nada qué hacer.
Decidido, bañado y disponible, me salí con la mochila, el áipo (que es más molesto que cuidar a un hamster, por cierto), llaves, los cigarros, encendedor, libros y 500 varos. Ah, y un paraguas, ya que he perdido la alegría pueril de mojarme bajo la lluvia hace quién sabe cuánto tiempo… supongo que fue un poco después de que los imecas dejaron de preocuparnos y simplemente nos dejábamos bañar por esa deliciosa y amarillenta lluvia ácida. Sí, ha sido después de eso.

Caminar hasta taxqueña para ir planeando el tour. Mucho calor. Burros-teens saliendo del IPN. Yo sin idea de a dónde ir. Concreto, banquetas limpias, gorditos con corbatas y caras oficionoides. Peseriles arrancones ejecutados por escuinclitos de 17. Claxones de “la hora en la que las mamás histéricas e impuntuales jinetean sus camionetotas y quieren llegar en 5 años luz a las escuelas de paga de sus pimpollos, fanáticos del “etsbots” y de las fiestas en lugares “in”, en caso de ser púberes más grandes.
Llego a miramontes. Nada planeado aún. Compro el “fritaim”. Una hojeada simple. Ok. La exposición de san Ildefonso.
El metro. Ríos de gente. Dos boletos por favor. No señora, no voy a cederle nada. Más calor. Incomodidad. Parada prolongada en ermita. No, ya no llego al museo. Cambio de planes. Ok, el teatro está bien. Veamos… teatro... teatro. Está caro. No, al cine. Pero no hay nada bueno. Ok La Montaña Sagrada del alecs joderosqui... Sí si llegas... Pues le corres un poco y ya.
Una bolsita de enjambre de chocolate por favor. La película rara como sí misma. Yo un inculto lejos de ser cinéfilo. Ya después la cosa cambió. ¡Oh por dios (aunque ni existas)! Fascinación absoluta. No pues ese wey sí está cabrón. No mames, se rifa. Jeje, qué buena película.
Despúes comprar un cuaderno en el “oficina macs”. Y una pluma bonita. Y sabes qué también cóbrate éstas (unas toallitas faciales de asqueroso metrosexual pa cuando te sude la cara en la calle y te brille la nariz. Me das asco querido, cada vez estás más "a la moda".... Cállate, que somos la misma persona. Ok, pero la neta que vacuo… que te calles, ya verás como te haces adicto a ellas…).
En centro coyoacán. Almacenes. Ropa que te promete actitud al instante, con solo comprarla y pasear con ella por todos lados. Se me figura a esas sopas instantáneas de “agrega agua y listo”. Si, listo, tenés un asqueroso cóctel de químicos emulando la sopa mal hecha que ninguna abuelita sería capaz de cocinar ni en sus más menopáusicos días. Así es esa ropa. Así es todo lo que se vende en las plazas, por lo general. Te dan valores, belleza, actitud y style en segundos… pero solo hasta final de temporada eh, no lo olvides, ya en otoño-invierno vuelves a forrarte… igual que las ropas de la cenicienta que se llevan el glamour antes de la media noche: “ve al baile querida/pero no tengo vestido/oh sí lo tienes, mira tus ratones, ya son caballos/pero mi vestido/pero ya tienes chofer/pero mi vestido/ok ya lárgate/¡¡¡PERO DAME EL MALDITO VESTIDO!!!/Oh, si, el vestido, qué distraída. Jijiji.
Me compré unos lentes. No iba a salir a las calles transitadas y manipuladoras, con tanto aparador, chica bonita y autos último modelo y regresar a casa tipo “Sali al cine… y pues ya, regresé”. No, claro que no, tenía qué comprar algo. Los lentes los escogió el encargado del local. Le gustó tanto cómo me veía con ellos puestos que me convenció con la expresión de su cara. Ok. No siempre soy así. De todos modos son los que me hubiera llevado, los demás estaban del asco, muy de mosca sport como los que se usan ahora.

Un choco frappé en el jarocho de los viveros a las 7 p.m. De camino a casa me doy cuenta de que las calles son como escenarios gigantescos de algún set televisivo. De alguna telenovela salvadoreña o algo así. Y las personas son sólo extras que caminan de un lado a otro. Las casas se ven tan falsas, los edificios tan “constrúyalo usted mismo”. Todas las chicas con el pelo pintado, leyendo el “manual de la perfecta cabrona” y los hombres (algunos) esforzándose por ser como el prototipo masculino del hombre exitoso-guapo-millonario. No pues sí, esto es una telenovelota. Y bueno, la verdad es que yo también ando ahí de vez en vez, no puedo zafarme de tanto bombardeo mercadológico (aunque ya no tengo tele y he sobrevivido hasta ahora).
Llego al hogar. Madre e hija Toriz cansadas del trabajo, cenan con mi sobrino, el señor osito, quien acaba de perder el diente que se le cayó en la mañana y que planeba venderle al ratón por unos veinte pesos hoy en la noche. “Eso no importa, le voy a dejar una nota que diga que perdí el diente en este cuarto y que nada más tiene qué buscarlo; aparte le voy a dejar galletas, no puede decir que no”. Pinche señor osito tan listo. Y eso que tiene siete nada más.

El día de hoy fue provechoso. No hubo concursos, ni fiestas ni regalos. No comimos pasteles ni “ensaladas a la orilla del lago” tal y como Melvin Udal/Jack Nicholson definiría un día feliz. Lo divertido fue dejar que el cerebro obedeciera al destino y dejara que ese otro factor decidiera, calculara y construyera el día. Me quedo con eso.
Me quedo con el Earl Grey avec Fleurs que estoy a punto de prepararme. Me quedo con el mensaje locotrónico del joderosqui. Con la cara del vendedor de lentes. Con el enjambre de chocolate. Me quedo con el playlist del áipo. Me quedo con la tarde lluviosita y ese empleo de hobby logger que quiero apañarme. Y con las clases de alberca con las que soñé. Y con el tatuaje que todavía me tengo qué diseñar…
Me quedo con aquella verdad que hoy simplemente descubrí, sin darme cuenta
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