lunes, 31 de octubre de 2005

MANIFIESTO XXVII


Ya estoy luchando contra la razón. Contra la razón y sin fe por si fuera poco.
No tengo argumentos para luchar contra ella. Y todavía no acabo de escribir estas líneas cuando me doy cuenta de que justo ahora he descubierto la respuesta. Porque a la razón no puedes atacarla con argumentos. Porque la razón siempre será la razón.

Aún la verdad es rebatible dependiendo del tratamiento y del enfoque: se le puede dar la vuelta, recurrir a la conmiserada nobleza del arte, a la estructura nebulosa de la filosofía. Y así la verdad puede convertirse en cuestionable, e incluso volverse falsedad absoluta. Pero la razón no es tan fácil de vencer. Se vuelve invencible si se le enfrenta dentro de sus propios terrenos.

Es por ello que no existen argumentos lógicos que rebatan a la razón. Por eso es que no los encuentro, porque no existen. Acabo de comprender que no puedo atacar a mi razonamiento con ideas. Hay que sentir, pero no mucho, no sea que la razón se dé cuenta y trate de impedirlo. Yo creo que eso es lo que me sucede ahora.

Resulta que mi intelecto está boicoteando mi propia existencia, no me quiere dejar avanzar. Me resulta ilógico creer una verdad como ésa, pero así las cosas son, sobre todo ahora que tengo una batalla interna y yo sin saber quién va ganando, si mi razón o mis entrañas.

Lo único que me queda es no pensar. Sentir en voz baja para no despertar a nadie. Por lo menos no ahora, sino hasta que la fuerza sea tal que si mi razón llegase a despertar y a proseguir con su ataque defensivo, la sensación sea tan grande, la unificación sea tan abrasadora que no exista fuerza suficiente para que mi yo razón tenga posibilidades de vencerme.

Supongo que así funciona todo esto, aunque desde el momento en el que escribo cosas como ésta, mi razón ya está infiltrada en el mensaje e incluso en la propia solución: increíble, una parte de mi razón también está contra sí misma; si no, no hubiera encontrado esta respuesta que acabo de encontrar…………………………

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ya nada, olvídalo. Vayamos a coger.

lunes, 10 de octubre de 2005

SUBfame

Confusión de sentimientos. Mi basura nunca valió tanto para mí. Ni para ellos. Solo tenían ojos hambrientos que devoraban a mordidas lo que encontraban a su paso. Dientecillos de caracol mascando las hojas diarias de una escena falta de espíritu. La balanza se corrompe. El plomo reconquista y cambia los valores. Y la mierda que produzco se convierte en oro dulce que los espectadores cegados del fashion admiran y aplauden. Me levantan en sus brazos de pulpo. Con ventosas repugnantes que me absorben hasta el último, desecando venas azules de brazos que escriben mierda producida por los azulados productores siderales del último piso. Pero no me preocupa. Es solo mi mierda lo que se están comiendo. Aunque ya no sé que es peor: que se coman mi mierda por mía, o por mierda. BY.

écrit d'avril zero cinq



… dale vueltas. Gira la palanca. Tuércela, ensalívala. Admírala con los ojos cerrados. Deséala tanto que no puedas contener la necesidad, la ilusa idea de que habrá de pertenecerte. Hazla parte de ti. Pero no con todo lo que tienes, sino con lo que puedes dar.

Dale vueltas. Gira la palanca. Adéntrate con fuerza, empújate sin más. Olvídate de que alguna vez lo pensaste. Borra de tu garganta la palabra tentaciÒn, emoción. Consúmalo. No existe más en ti. Sumérgete a carcajadas.

Dale vueltas, gira la palanca. Ponla sobre ti y recuérdale a qué están jugando. Sonríe con ligereza y espera a que te corresponda. La punzada ha sido fuerte y dolorosa. No tardará en hacerla delirar; su rostro será tu respuesta.

Dale vueltas y gira la palanca. Consume voraz todo lo que puede ofrecerte. Dile sí con un golpe, con una mordida rasgada y llena de caricias negras. Explicaciones falsas. Sopla de frente todo lo que eres et ne le donnes pas. Il saurá qu’est-ce que tu es. Il saurá. Il comprendrá. Elle est morte.

J’ai marché. Rompí las olas. Les arbres rougiait, aplaudiéndome. Je marche. El polvo me gritaba en la cara que no me fuera. Ya no insistas más. Nada iba a detenerme.

…y olemos sin nariz las flores, con todas las fuerzas, y rotos los tímpanos, escuchamos sordos el canto silenciosos de pájaros que, hartos de volar, andan bajo tierra.
…y ciegos vemos el cuerpo del gigante que no puede sostenerse, desplomándose con soltura, riéndose a carcajadas.
…y yo dejé de creer. Dejé de pensar. Dibujé en el firmamento paisajes incómodos, por humanos. Tracé líneas muy rectas que marqué con hilos.

Y pensé que no podría deshacerlas. miré con café frío de amargura las ideas y la gente que caminaba sin cesar. Sin césar por estrechos caminos más largos y complejos, más peligrosos que el mío, aunque nunca tan rectos, nunca tan lineales ni tan marcados, tan definidos.

Yo siempre quise creer que creía. Siempre caminé por la vereda blanca, porque así eran las cosas. Y los otros corrían, y tropezaban y caían hasta el fondo; pero siempre traían el rostro más suelto, llorando desde adentro y riendo por casualidad y desmesura, nunca bajo alguna programación, sin conocer el protocolo, ignorándolo simplemente.

Borro el camino, lo desfiguro a golpes. Sangrar nunca fue tan placentero. Hay que cortar la línea con frustración hasta que se acabe y esté en todas partes. Con hambre de muerto. Calambres y espasmos. Usando los pulmones. No más vagar sin motivos. Como niños viejos. Otros colores. Salté sin razón. Ocio sin motivos. Ya no sé dónde estoy. No sé más quién soy. Salté. Vivo otra vez. ¿vivo alguna vez? No sé si lo siento.

Commencer autre fois, don c’est le premiere. C’est le principium. Il a été rebasé. Salgamos a caminar.