jueves, 19 de octubre de 2006

Volando bajo tierra


El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar el pasado mes de Junio La Venganza de los Pájaros, la más reciente novela del escritor y pintor mexicano Guillermo Arrreola. En ella se cuenta una historia vista por los ojos de un hombre que se vale del recuerdo para rescatar su vida de infancia. Una serie de imágenes recrea la vida de Fernando y su percepción del mundo, un espacio rural en el que él y su familia viven siempre a merced de los pájaros, seres oscuros llenos de misterio que, junto a los fantasmas de su madre, rondan constantemente su existencia.

Narrada con diálogos a manera de prosa y con un lenguaje sencillo, aunque siempre enraizada en la metáfora, La Venganza de los Pájaros postula la idea de que nuestra existencia está siempre supeditada a los múltiples papeles que la memoria juega en ella, presentándose algunas veces como juez o verdugo, como consolador e incluso como única salvación para sopesar el presente.

Sin embargo, la memoria es traicionera: puede que se atreva a disfrazar la manera en que los hechos sucedieron, llegando al punto de inventar algunos que solo en sueños pudieron haber ocurrido. El recuerdo no respeta orden lógico, no conoce el tiempo y desafía la realidad. Quizá sea por ello que en La Venganza de los Pájaros el hilo de concordancia apenas y se distingue.

De la misma forma, Arreola nos presenta a los personajes de su historia: una niebla perpetua rodea a Fernando, a su padre, a sus hermanas, a su hermano y a su madre, de los que sólo conocemos lo esencial, los rasgos más notorios y que sirven para diferenciar a uno del otro. Caso contrario se presenta con Cornelio, Lucio y Ernestina, los tres fantasmas que fungen una labor de vigías y acompañantes para la madre de Fernando, y cuyas historias de vida son narradas con detalle a lo largo de la obra, como si ellos estuvieran más vivos que los mismos vivos.

Esta ambigüedad en el peso de los personajes, en la importancia de los hechos y en la estructura narrativa, va acompañada del que quizá sea, junto con la memoria, uno de los elementos clave del texto: se trata de la verdad, del papel que juega dentro de la historia; indudablemente se convierte en el factor que unifica el rompecabezas de recuerdos, pero no de forma convencional, sino de manera abstracta, desconcertante, manteniendo su estado latente durante toda la novela, y revelando su verdadero sentido al final, en las últimas páginas.

En La Venganza de los Pájaros, Guillermo Arreola libera a la parvada. Abre la jaula y deja que los recuerdos vuelen a placer, fascinándonos, atemorizándonos, llevándonos de la mano por rincones que, por nosotros mismos, no nos atreveríamos a visitar.